Salto de fe
La composición de Malpelo está llena de acantilados de varios metros que solo llevan al agua. Saltar sería fatal, pero cuando lo hacen las sulas se olvida de repente la cercanía con el vacío.
Los tres mosqueteros
Athos (izquierda), Portos (centro) y Aramis (derecha) custodian la isla hacia el norte, como si supieran que la contaminación que llega a la roca proviene principalmente de Centroamérica, por el sentido de las corrientes marinas.
¡Qué monumento!
Esta vista desde el costado nororiental de Malpelo muestra la inmensidad de la roca. En la parte inferior de la imagen se pueden ver, como si de hormigas se tratara, la estructura del tangón, un pequeño barco y el catamarán de la Fundación Malpelo y Fundación Biodiversity Conservation Colombia.
Pared al cielo
Acercarse lo suficiente a la roca también es verse diminuto ante la inmensa y vertical pared que atemoriza a cualquiera. El punto más alto de la isla alcanza los 360 metros de altitud.
Un vuelo majestuoso
Detrás de esta foto hubo un sinfín de disparos de cámara, tratando de capturar un momento adecuado del vuelo de las sulas, que transmitiera de alguna forma la majestuosidad que se sentía al verlas romper el viento en ese asombroso paraje.
No hay gozo sin lucha
Subir a Malpelo no es solo escalar hacia el tangón. Antes de eso fue necesario bajar por una escalera lateral del buque ARC ‘7 de Agosto’ para entrar a la Unidad de Reacción Rápida (derecha), que llegó hasta la roca para hacernos subir en un pequeño bote con el tamaño ideal para acercarse por completo a la escalera colgante. Todo un desafío al mejor estilo de supervivencia.
No apto para débiles
Para subir a Malpelo, además de tener autorización, se debe contar con la suficiente forma y agilidad para pasar por la escalera de cuerda y peldaños de madera que cuelga desde el tangón, moviéndose al son del viento y las corrientes marinas.
Qué risa ese humano
Como si posaran para la cámara o como si se rieran de las caras humanas, llenas de asombro al llegar a la isla, estas sulas mostraron su humor para la foto.
La amiga de todos
Sin ser endémica, la sula es esencial para la conservación del equilibrio ecológico en Malpelo, ya que el guano que produce sirve tanto para la vegetación como para la alimentación de algunas especies. Da vida vegetal y animal.
Mundo hermoso e intimidante
Aunque es fácil perderse en la belleza de Malpelo, hay que prestar atención a los lugares que se pisan y dónde se recuesta, ya que en cualquier lado puede estar la pequeña, pero imponente lagartija macho, especie endémica con una distribución de colores que es de las más atractivas de la vida terrestre en la isla.
Encuentro de amigos
Aunque todos esperábamos que alguno atacara al otro, lo cierto es que este cangrejo terrestre y el lagarto punteado estuvieron varios minutos juntos bajo esta roca, sin algún amago de abalanzarse sobre el otro.
¿Otra especie?
Sus puntiagudos picos parecen perder su tamaño al mirar a las sulas de frente, como si se tratara de una especie diferente. Tienen un rápido movimiento de sus cabezas, por lo que es sencillo verlas desde todos los ángulos.
No hay terreno difícil
Hay tantas aves en la isla, cerca de 140.000 individuos en promedio solo hablando de las sulas, que tienen copados todos los pequeños espacios en los que puedan poner sus patas semejantes a las de un pato, por más complicado que se vea el terreno.
Riqueza marina
No muchas especies marinas se acercaron a la superficie a saludar durante la expedición, lo que contrasta con la gran riqueza que se puede ver al sumergirse. Malpelo tiene en sus profundidades una gran cantidad de tiburones, delfines y muchas otras especies que regularmente transitan la zona.
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